Yamaguchi Sensei. Texto comentado

Hola a todas y todos los practicantes de aikido. Llevo tiempo leyendo y reflexionando éstas palabras de un maestro cuyo mensaje me cautiva y me eleva cada vez que las leo. En sus sencillas palabras encuentro la esencia de lo simple. De lo imperceptible, de lo etéreo de estos conceptos intemporales sin estridencias. Yamaguchi Sensei para los que lo han conocido representa, según sus palabras, ya que he tenido la gran suerte de ser alumno de los que ahora son maestros y que en su momento fueron alumnos de éste destacado “maestro de maestros”, tanto occidentales como japoneses y que tuvieron una relación muy estrecha en la medida que esto es posible con un maestro de su categoría.

Él representaba una forma de vivir y entender el aikido muy particular y personal que ha marcado de forma permanente a todos los que tuvieron la oportunidad de verlo en un tatami. A los que no hemos tenido esa suerte sólo nos queda hablar con sus antiguos alumnos que ahora son respetados maestros, sus innumerables vídeos y sus textos. Una cosa que me impresiona es lo sencillo pero a la vez profundo de su mensaje. La facilidad de permitirse sentenciar de forma incuestionable cosas que a él le resultan obvias y que están en algún universo paralelo.

Esto me recuerda una anécdota donde le pidió en una visita en la cama de un hospital a un alto grado uchideshi del Honbu que se permitiera y comprometiera durante diez años a probar su aikido, y que si no le convencía que lo dejara. Así lo hizo. Para los que conocen al protagonista de esta historia sabrán que es uno de los mejores maestros de aikido de la historia.

Agradeciéndoles de antemano que me permitan compartir estas ideas válidas y defendibles en éste momento y contexto. No sé a donde me llevarán mis reflexiones pero tengo claro que soy un buen uke de mí mismo y del camino que he escogido para mí vida, el aikido.

Seigo Yamaguchi

Los entrecomillados son las palabras del maestro YAMAGUCHI y los comentarios que le siguen son mis aportaciones, aclaraciones y reflexiones, con la flexibilidad que me da la experiencia y el estudio, me permito proponerles a todos un ejercicio de reflexión interna de lo que realmente significa AIKIDO.

(El entrecomillado son las palabras del maestro Yamaguchi Sensei.)

“Muévete incluso cuando te agarren fuerte.”

Frase de este gran maestro que se presenta de forma clara y directa, honesta y sin ambigüedades, destaca exactamente cuál debe ser nuestra disposición ante un ataque. MUÉVETE. Siempre y a pesar de TODO. Cuando dice “incluso” acaba/fulmina con ésta sola palabra todo tipo de excusas. Aquí abre un abanico de posibilidades infinitas. Todas ellas solucionables. De esta manera nos pone interiormente con una disposición de libertad a pesar y gracias a TODO lo que suceda en nuestro exterior. Normalmente y sobre todo en el aikido confiamos, o más bien dependemos de una colaboración exagerada, casi siempre pervertida de Uke, el que ataca. Personalmente entiendo que como apoyo pedagógico en determinados momentos del aprendizaje puede resultar útil, siempre y cuando no perdamos de vista nuestro criterio de por qué estamos haciéndolo así justo de esa manera en ese momento determinado y qué es lo que buscamos afianzar en nuestro subconsciente. Pero siempre sin perder el objetivo de la libertad; incluso y a pesar de todo.

“Comienza suavemente, siempre moviéndote a algún sitio. No importa lo fuerte que te cojan.”

Esta búsqueda del movimiento/estado correcto sin precipitación, sin retorcer los acontecimientos, incluso diría con cierta indiferencia del resultado y esa parte de despreocupación y desapego activa se manifiesta en la falta de concreción e importancia que le da al “dónde”. Normalmente uno siempre que se mueve, camina o desplaza con la idea de algún sitio, cierto ángulo, pero aquí se destaca y prioriza el movimiento en sí, más que a dónde llegar. Para terminar destacando nuevamente la importancia del desapego y la distancia interior y emocional de la idea, inútil al fin y al cabo, del que ataca, por lo que a su resultado respecta, independientemente de “ lo fuerte que te cojan”.

“Muévete como si solo estuvieras caminando, despacio está bien. En otras palabras, completamente libre.”

Suave, despacio. Parecen adjetivos poco apropiados para un arte marcial que se supone eficaz, contundente, peligroso. Desde que empecé a hacer aikido entendí que cada gesto, hasta el más mínimo, era primero “importante” aunque en un principio no le viera sentido, después se convierte en lógico y a partir de ahí sólo queda interiorizarlo. Labor por supuesto de años y años de repetición consciente, de vaivenes continuos en el objetivo del entrenamiento, para acabar llegando a algún sitio encrucijada de otro más profundo y distinto.

“Tu movimiento está fluyendo de forma que la línea de la espada siempre pueda seguir su curso.”

“Como en las antiguas historias de guerreros cuyo trabajo con la espada era muy fluido. En ese sentido, fluido pero firme, suave y a la vez poderoso.”

Este párrafo se presenta como uno solo pero he decido amplificarlo para poder destacar por separado sus puntos más relevantes.

Son tan importantes las ideas que presentan que se merecen tener identidad propia. El análisis del primero nos presenta una estructura clara de trabajo individual dentro de la dependencia que todos los que practicamos

aikido tenemos de “el uke”, del atacante, de lo que pasa fuera de nosotros. Dependemos de un ataque, de las muchas formas en que éste se puede presentar, para poder expresarnos y dejar que nuestro cuerpo responda, se mueva y forme parte de algo más grande, real y efímero que él mismo. La idea de movimiento imaginando la libertad del corte de una espada representa una gran referencia digna de investigación. Conseguir que el cuerpo sienta esa lógica interior y primitiva de fluidez es un deber para todo los practicantes de aikido.

En la segunda parte comienza a describir esa parte intangible, mágica y adictiva de las artes marciales y del espíritu del samurai. “Fluido pero firme”. Esta forma de ver/describir una sensación interior de firmeza y estructura cuando en el otro lado el espectador sólo ve fluidez y relajación, a nivel teórico puede ser perceptible aunque engañosa, he conocido auténticos maestros de la teoría del aikido pero en la práctica resultan realmente faltos de contenido. Incluso ellos tienen un lugar en el aikido.

Algunos nos aventuramos con más o menos éxito a practicar o intentar practicar en base a los principios básicos pero casi siempre olvidados, y aunque no se encuentren resultados evidentes a corto plazo, nuestro compromiso real con los principios del aikido nos mantiene en la práctica/estudio. En esta gran familia tenemos que convivir con todo tipo de practicantes. La búsqueda de una identidad propia nos lleva a recorrer diferentes caminos en busca de un mismo objetivo. Esa sensación interior de plenitud que debemos cuidar con esmero como algo delicado y valioso, y cuyo principal peligro es el acomodo y la inactividad en harás de su propia conservación, controvertida idea ésta de la inactividad para preservar algo conseguido justo desde la idea contraria a esta. Debemos reflexionar. Así debería ser la vida de los aikidokas, reflexionar, cuestionar, arriesgar, exponiéndose siempre a nuevos desafíos, nuevos límites, nuevos retos. Las zonas “cómodas” son la muerte del aikido. La repetición sin sentido es exactamente eso “sin sentido.”

“Budo está lleno de estos conceptos tan opuestos. Movimiento en la quietud, quietud en el movimiento. En movimiento a la vez que inamovible. Suenan como koans Zen, pero a través de la experiencia con nuestros cuerpos podemos conseguir una comprensión clara de estas ideas. Forjamos tanto cuerpo como mente, en lugar de simplemente aprender técnicas.”

Todos sabemos que uno de los muchos objetivos de los koans es el conseguir paralizar la mente, crear una confusión que nos lleve más allá de ella y que percibamos nuestra propia naturaleza, nuestro propio ser.

Forjar según la RAE es “Dar la primera forma con el martillo a cualquier pieza de metal.”. La primera forma, el inicio, un principio donde moldear, con el martillo, herramienta fuerte, dura, contundente, manejable en manos expertas y por último a “cualquier pieza de metal”, la dureza por excelencia domeñada por el yunque, los golpes y muchas veces también por el fuego, toda ayuda es bienvenida. Obviamente la forja del cuerpo y de la mente tienen tratamientos distintos que se unen en un objetivo común aunque empiezan siendo piezas separadas. Así debe ser.

Incluso O’sensei los describía de forma separada en sus dichos y poemas, siendo él mismo el mejor exponente de la unificación de cuerpo-mente.

Anteriormente he escrito acerca de la necesidad de aprender de forma académica los movimientos básicos. En realidad en el aikido todo es básico. Todo.

Los movimientos inverosímiles, los fuegos artificiales que nos atraen en un primer momento por su espectacularidad y que en la mayoría de los casos, no en todos, destacan también por su falta de fondo y contenido son una manipulación perversa, que aunque a veces sea necesaria para la supervivencia del aikido puede llegar a degenerar la idea original del aikido. Deberíamos reflexionar hacia dónde nos lleva el aikido y qué buscamos en él.

Comparto con ustedes un vídeo de aikido de éste gran maestro.

Muchísimas gracias por permitirme compartir mis reflexiones.